Lo que hacemos los mecánicos…
El título hace referencia al conocido chiste de dos amigos mirando hacia el cielo, al paso de un enorme avión comercial, cuando uno de ellos, mecánico de profesión, dice ¡Hay que ver lo que hacemos los mecánicos…!
Comprendo que todos los empresarios queramos optimizar nuestros recursos. Sin embargo, y aunque nuestro personal esté muy cualificado en su campo, no podemos pretender que sepan de todo y, menos aún, estén bien capacitados para resolver problemas de cualquier naturaleza. Aunque se trate del avión que cada día, digamos, “mantienen mecánicamente”. Puesto que incluso de una instalación que cada día mantienen, no todos los problemas asociados a ella podrán ser solucionados por el mecánico.
Una cosa es saber de motores y otra conocer y entender la explicación física de por qué un avión vuela.
Viceversa, añado. Muy probablemente un ingeniero aeronáutico no será capaz, por ejemplo, ni de fresar ni de soldar; como mucho, sabrá para qué y cuándo son útiles ambas operaciones. Igual que el mecánico sabe perfectamente el para qué y cuándo de un avión.
Digo todo esto porque estoy citado para testificar en un juicio en el que han sido demandados una empresa de instalaciones y mantenimiento electromecánico y (entiendo que solidariamente) una muy conocida compañía de seguros. Los demantes van a alegar, como poco, trastornos y daños físicos serios causados, en última instancia, por una operación de mantenimiento higiénico que, al parecer, fue llevada a cabo por personal de la primera sin los debidos conocimientos.
Creánme: las consecuencias fueron dramáticas. ¡Ah! y la decisión que, al parecer, causó el daño era bien simple… para un químico o un biólogo, claro.
La microbiología, el control de los parámetros químicos, las decisiones a tomar en función de ambas cosas, etc. son parcelas demasiado específicas como para que se tomen por personal sin la adecuada formación.
Y, desde mi punto de vista, por ejemplo, un curso homologado de prevención de legionella, por sí solo, dista muy mucho de preparar completamente a una persona como para que gestione la prevención de esta bacteria en ninguna instalación. Si se me apura, ni siquiera podrá ser nunca suficiente formación como para que tome ninguna decisión al respecto. Ni las pequeñas. Solo decisiones para actuaciones mecánicas.
Si no podemos pretender que nuestros empleados sepan de todo, ¿estamos dispuestos a asumir las responsabilidades jurídicas de su trabajo cuando éste no corresponde a su formación?
Yo no volaría en un avión diseñado por mecánicos. Ni fiaría mi paso por un puente soldado por ingenieros.
vicente m. picó dirección general









