Técnicas de desinfección (I). Halógenos.
Ya, en algún escrito anterior, he comentado que las técnicas de desinfección, para la lucha contra la legionella, en redes de consumo humano (para su ingesta o no) son complementarias. En el sentido de que una sola técnica no es la solución.
Inicio aquí una serie de resúmenes de ventajas e inconvenientes que cada técnica, de las más extendidas y a nuestro entender, tiene.
Ventajas e inconvenientes de la utilización de halógenos (cloro, bromo, etc.) como técnica de desinfección de agua.
En pro:
- Su efecto bactericida es razonable. Poseen un buen poder desinfectante.
- Se trata de compuestos químicos sencillos y estables lo que facilita su manipulación. Algún compuesto halogenado en forma gaseosa no tiene esta propiedad y puede resultar ciertamente inestable.
- Su dosificación o aplicación no precisa de una tecnología sofisticada.
- El control de la concentración que se desea es sencillo.
- Su primera gran virtud es su efecto residual; es decir, su capacidad para lograr concentraciones del desinfectante a lo largo de toda la red hidráulica.
- Su segunda gran virtud es su bajo coste económico. Tanto de las instalaciones de dosificación como de los productos en sí mismos.
En contra:
- Su principal problema reside en que no son demasiado efectivos, incluso muy limitados, para eliminar el biofilm. Particularmente el cloro. Algo importante pues la eliminación del biofilm es esencial en la supervivencia de la/s bacteria/s.
- Su segundo problema es el elevado riesgo de corrosión de las redes de agua, exigiendo materiales que no se vean afectados por estos químicos.
- Para que sean efectivos exigen el ajuste del pH del agua.
- Además, el cloro produce alteración de las propiedades organolépticas del agua (sabor y olor).
- Y su uso (cloro) genera cloraminas, clorofenoles y otros, como consecuencia de la presencia de materia orgánica en el agua y su oxidación. Lo cual también afecta, además, y de nuevo, el sabor y el olor del agua.
- Su uso puede acarrear la aparición de subproductos indeseables tales como hidrato de cloral, halometanos, trihalometanos (a los que se les clasifica como posibles agentes cancerígenos), aldehídos, etc.
- Su concentración es sensible a la temperatura del agua. Temperaturas medias y altas provocan su desaparición prematura anulando el efecto residual.
- La concentración, es decir, su efecto residual, varía también en función del tiempo de residencia del agua en los circuitos, sin renovación de la misma (largos períodos suponen la evaporación de los halógenos), de la materia orgánica que conlleve el agua, amén de pH y temperatura como ya hemos dicho.
- El exceso de concentración de cloro puede causar problemas respiratorios e irritaciones cutáneas.
El siguiente escrito estará centrado en el uso del ozono. Posteriormente también comentaremos la desinfección térmica, electrolítica, UV, DPOA.
vicente m. picó dirección general





Febrero 11th, 2010 at 1:49 am
Es evidente que han ido saliendo a la luz mejores opciones para desinfectar el agua que el cloro o el bromo. La luz ultravioleta o el ozono son más efectivos, espero que poco a poco se vayan haciendo más factibles, económicos y prácticos.